jueves, 20 de agosto de 2015

Sanremo, pedazo de divina decadencia

Estilo llamado en Italia "Liberty".
Algo anterior al Art Nouveau.
¿Cómo llegué a Sanremo? Sabía que la Emperatriz Isabel de Austria-Hungría la había visitado, que fue una fabulosa ciudad de la riviera italiana en otras épocas más gloriosas y... poco más. Andaba yo buscando una ciudad mediterránea donde pernoctar una noche en trayecto entre Austria y España. Pensaba en ciudades ya conocidas como Beaulieu o Villafranche cuando me topó con una página donde varios participantes comentaban sobre Sanremo. No eran comentarios favorables, decían era una ciudad decadente, que necesitaba renovación y desarrollo, muy antigua, que parecía que estaba aún a principios de siglo XX, que sus paredes estaban desconchadas, que allí no volvían más, etc. etc. Yo feliz con mi hallazgo grité: “Esta es mi ciudad” y audaz me lancé a la conquista de Sanremo. 






En efecto, ¡el tiempo se había detenido allí y yo no podía sentirme más dichosa! San Remo no es una ciudad para quien busque lo nuevo, lo pijo, lo aséptico, con hoteles estilo resorts, ni cosas tan al uso hoy en día. Sanremo es para viajeros más recoletos por así decirlo, para aquellos a los que nos llaman con desprecio “pasadistas” (y a mucha honra). Me enamoré perdidamente de Sanremo. Sí, tiene sus paredes desconchadas y sus preciosos hoteles decimonónicos no tienen aire acondicionando en sus salones comunes, están decorados con  muebles de época. Si bien las habitaciones son muy amplias, todas recientemente reconstruidas (con magníficos aires acondicionados) y decoradas con algunas antigüedades de principios del XX. A diferencia de los modernos hoteles por muy de cinco estrellas que sean, sus cuartos de baño son enormemente espaciosos con balcones y grandes ventanales desde donde se divisa el mar, al igual que las habitaciones, siempre llenas de luz radiante.





Prendi questa mano, Zingara, dimmi pure che destino avrò





En el antiguo casino los croupiers todavía van de smoking. Los decadentes habitantes de Sanremo tienen una pinta muy de los ochenta, muy fellinianos, en los atuendos de las señoras que llevan sombreros (en España si te encajas un sombrero te califican de hortera y lo siguiente), pero estas italianas algo carrozas, de piel dorada, ojos maquillados a lo Bardot y coquetos accesorios que adornan trajes negros de verano, se ven tan chics, tan distintas... ¡Yo me quería ir a vivir a Sanremo! En muchos bares se oye la música que hizo conocida a la ciudad en los años sesenta, cuando su festival era tan famoso. Hay poco turismo extranjero, a pesar de que la ciudad no es cara, al contrario, y los turistas que hay son mayormente rusos. Uno los encuentra rezando en la iglesia ortodoxa rusa, sabemos que la ciudad fue destinación de grandes duques rusos, antes y después de la caída de los zares. La emperatriz María tenía casa en Sanremo. Pues estos rusos están reparando las villas y tiene el buen gusto de hacerlo con los materiales de la época, no compran y tiran para construir inmensas moles de hormigón, no, compran las villas y las restauran a su antiguo esplendor. Las fotos nunca reflejan con fidelidad lo que los ojos ven, supongo que sólo los grandes artistas del lente lo pueden lograr. Lo intangible nunca lo puede reflejar una imagen.





2 comentarios:

  1. Que aún queden en el Viejo Continente sitios decadentes, que no hayan sucumbido a los McDonalds y a los Kentucky Fried Chicken, es señal de cómo muchos europeos seguimos resistiéndonos a la pérdida de aquella Europa que se nos fue con los Imperios Centrales.

    Nos queda mucho por recuperar y mejor pensar, que aún no está todo perdido.

    E.

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    1. Gracias por comentar. Tiene toda la razón, la perdida de los Imperios Centrales fue una catástrofe para Europa. Muchos europeos se resisten con razón a la globalización que anula el estilo autentico de la vieja Europa, aunque también hay que luchar contra los descerebrados europeos que consideran que la modernidad pasa por lo feo y lo vulgar.

      No, claro que no está todo perdido.

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