domingo, 5 de junio de 2016

Papa Hemingway


Decía Papa Hemingway que a París se llegaba espiritualmente antes de los treinta años y lo mejor era llegar joven, no a los cuarenta. Hemingway sabía mucho de París.


Yo llegué a París por primera vez a mis 20 años, pero en mi había una trayectoria de la ciudad de los Borbones, de la revolución francesa, de su gran novela del siglo XIX y The Lost Generation en aquel París de entreguerras que me deslumbraba. Lo conozco como la palma de mi mano. Hace la friolera de 37 años. París es como un gusanillo.





Por eso ahí va parte de mi colección de libros de París, muchos del museo Carnavalet o de las tantas librerías que tiene la ciudad, no los voy a sacar todo desde luego. Tengo de los Habsburgo, de Zola, de Márai, de Zweig. La Mitteleuropa de mis amores.






Hay un libro “París Mon Amour” que todo el mundo tiene menos yo; es un libro que en Vips, España, vendían por 10 euros y que no son más que fotos repetidas de los grandes albúmenes de la ciudad. No voy a sacar todos los libros que tengo porque eso me parece muy pequeño burgués. Si lo hago ahora es porque me he enterado que una imitadora mía, se da ínfulas de gran conocedora de París, donde si ha estado una vez es mucho y que habló siempre por boca de ganso. Una señora ya con sus años, una especie de Madame Bovary, ya que tiene muchas reminiscencias con el personaje de Flaubert. Internet es fantástico para el postureo, pero no para la autenticidad. Debería sentir pena por aquellos que llegan viejos a París y no lo quieren admitir. En este mundo virtual donde a través de un blog uno puede convertirse hasta en María Antonieta, falta autenticidad. Por cierto, ¡esta encantadora señora también se ha teñido el pelo de rubio!!!



Y por supuesto de Wiesenthal no voy a hablar. Yo descubrí Wiesenthal para muchos que hoy se dan de expertos.

Conozco todos los París, no hay uno que se me escape, pero tengo mis rincones -no de guiris- que son mis preferidos.


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